Los 7 pecados capitales en programación

Intentando clasificar a los malos profesionales del software se me ocurrió un crossover entre los 7 pecados y la programación. Ahí es nada. Ante todo decir que no pretendo con esto agredir/molestar a nadie. Yo me tomaría este post como lo que es: de humor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Lujuria
Reconozco que este es el pecado al que más me ha costado encontrar similitud con la programación. Había pensado incluso hablar de los «tecnosexuales» (o geeks) y ampliar el campo de estudio a los informáticos en general, pero no. Un programador lujurioso es una persona que disfruta con su trabajo hasta extremos inimaginables. Se despiertan a media noche para terminar algo, enseñan código hasta a sus sobrinos de 3 meses, ven belleza en un bucle o en una llamada recursiva. Hay momentos en los que de no ser porque tienen las manos sobre el teclado, parecería que se están tocando. Y sí, su código les gusta más que su pareja.

Gula:
El que sufre de gula en programación probablemente también sufrirá algo parecido a la lujuria. Son personas que quieren leer todo del tema en el que se estén metiendo, intentando digerir cuantas más cosas mejor. Se leen libros, manuales, papers en el transporte, en la cama, en el baño, en clase (así aprenden el doble)… Son ávidos de conocimiento, sobreaprenden cualquier tecnología y, a veces, pueden ser afiliados a los «peros» y a las explicaciones rocambolescas para sacar todo el ansia que llevan dentro.

Avaricia
Hay una subespecie de programadores que tienen algo que llamaremos el síndrome del «héroe de chichinabo». Siempre que se pide a un experto en algo ahí están, siempre que se pide un voluntario, se ofrecen. Son capaces de cargarse de trabajo, coger el departamento de calidad, el de desarrollo, subir a preproducción, empollarse una nueva API y tirar el cableado de la empresa. A la pregunta de «¿Alguien sabe esta nueva tecnología?» Siempre sonríen de medio lado y dicen: «¡Yo, yo, yo!». Son los más peligrosos en empresas pequeñas, porque se terminan convirtiendo en el «héroe apagaincendios» alejando a la empresa de cualquier número CMMI superior a 0.

Pereza
La monotonía no a todo el mundo le aburre. Hay un tipo de programadores que como llevan toda la vida haciendo las cosas de una manera (¡Algunos hasta 30 años!), no quieren salirse de su «zona de comodidad» y probar cosas nuevas. Son personas que rehúyen de nuevas tecnologías, nuevos enfoques, nuevas metodologías e incluso de nuevo sabor de pasta de dientes. Se acomodan tanto que algunos llegan a visitar el peligroso país de la procrastinación. Si te sientas a hacer pair-programming con ellos probablemente acabarás con una úlcera del tamaño del Samsung Galaxy S2.

Ira
Hay programadores que según ponen sus morcillitas sobre el teclado empiezan a echar pestes. Nunca están contentos con nada, siempre hay pegas. Si se cambia de tecnología porque se estaba muy bien con la antigua (en este caso son perezosos), si se mantiene la tecnología que si nos vamos a quedar obsoletos programando en Cobol. Se rebelan contra jefes y compañeros, llevan el mal humor allá donde van y suelen plantar un germen de la desconfianza que puede hacer que el mejor equipo del mundo se tambalee. Son capaces de pelearse con su propia sombra o refunfuñar si les suben el sueldo porque debía haber sido más… Estos tienen más peligro que el equipo de waterpolo de los Gremlins, así que cuidado.

Envidia
Si hay una cosa que hacemos muy bien los españoles es ser unos envidiosos. La envidia es otro germen que va creciendo y que algún día sale convertido en un alien, escupiendo tus entrañas desde dentro (qué gráfico ¿no?). No hay cosa más tonta que compararse con otro porque sabe más que tú, cobra más, es más listo o más guapo. Si la envidia es sana, no pasa nada, todos admiramos a alguien. Pero si en lugar de admirarle le odiamos, ahí es donde entra el problema. De la envidia a la ira a veces hay una delgada línea.

Soberbia
Yo a estos me los imagino sentados en su trono de huesos con mirada altiva y una ceja subida, mientras piensan «pobres mequetrefes, no tenéis derecho a mirarme a la cara si no sabéis qué es la cena de los filósofos». Creen que saben más de cualquier cosa que cualquier otra persona, y lo peor es que no pierden oportunidad de demostrarlo, muchas veces desacreditando a otros o riéndose de ellos. Nota curiosa: un envidioso y un soberbio pueden hacer hervir el agua si están a menos de un metro. Así que ya lo sabéis cuando queráis calentar comida y el microondas esté ocupado.

¿Os incluís dentro de alguna categoría o de varias? Es difícil ponerse la etiqueta de «yo soy así de malo» ¿Eh?